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Siempre que se acercan estas fechas la Añoranza se “regodea” en todos nosotros clavando sus uñas en nuestras carnes. Al menos a mí me suele pasar; lo que no se es si todos añoramos lo mismo.
En mi caso, añoro aquellos adorables sábados de mi infancia en los que mi hermano y yo no hacíamos otra cosa sino clavarlos a la Tv viendo La bola de cristal: Carbonell, Reyes, Kiko Frankestein Veneno, La pandilla, La familia Monster en blanco y negro, … además de ser el único día en que a mi madre no se le ocurría hacerme pasar por “pelo lacio” y le daba dia sabático (y nunca mejor dicho) al cepillo del pelo y dejaba a mis rizos ondear libres al viento.
Aquellos dias en el monte (= campo) en los que (y otra vez con mi hermano) me dedicaba a enterrar entre sollozos a los pájaros que se “cargaba” con el tiempo justo para salir corriendo y no perderme así la siguiente ejecución.
Añoro a Joan Luis Goas cultivando nuestros saberes cinéfilos en aquella memorable “Noche de Lobos” en las que hasta las más cutres pelis serie B (C e incluso alguna CH por lo menos) contenían algo de interés.
Las madrugadas heladas en Madrid en las que hacíamos un descanso para pegarnos “arrebujados” (tapados hasta las orejas con las mantas y colocando estratégicamente los pies de uno entre las piernas del otro para caber en el mismo mini-espacio) la peli antigua de miedo.
Aquellos domingos interminables en los que (y nuevamente mi hermano) le daba por sondearme-culturizarme-brasearme con ésto, aquello y lo de más allá o para meterme doblada alguna broma de las suyas…
…. añoro a mi hermano, qué porras!!!!!!!
Aunque falten aún algunos días y aunque hablemos, Feliz Navidad Jose, y que el 2008 nos permita, al menos, tener tiempo para tomarnos un cortadito juntos y a ser posible solamente acompañados de un buen croissant a la plancha (el tuyo con mantequilla y el mio con mermelada) y recordar nuestras añoranzas juntos.


1 response so far ↓
1 José María // Dec 20, 2007 at 5:53
Aunque no me prodigue demasiado en manifestarlo, yo también echo de menos aquellas veladas y, quizá para tu sorpresa, te diré que más que “culturizarte”, que puede que fuera tu enfoque “de hermana menor”, desde mi punto de vista dialogábamos y aprendíamos el uno del otro a ver las cosas con otros ojos, lo que nos enriquecía a ambos.
La vida cambia las jornadas de hermanos por jornadas de bebés, el ocio por responsabilidades, las ocupaciones por preocupaciones y, a veces, lo básico por lo accesorio, pero mientras haya fraternidad en el mundo, hay esperanza. Por eso mi suerte, pero sobre todo mi privilegio, es ser tu hermano. Gracias por estar ahí y FELIZ NAVIDAD.
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